martes, 29 de julio de 2014

Lo primero que se te venga a la cabeza

Lo primero que se te venga a la cabeza
Y yo me voy
Hace mucho que no escribo
No sé para que
Pienso
O sí sé
Porque saber es pensar
Y no saber también
Y olvidar
Goles rosas
Cuando vamos a superar el mundial?
“Me cuesta soltar” dijo mi hermana
Que difícil
Soltar
Soltarse
Solt(arte)
Es muy lindo ver como las conjugaciones terminan con arte
Callate  jipi fuma porro que escribe cosas sin sentido
es para hablar con ellas
gesell con ellas
cámara gesell
que invento más turbio y efectivo

A lo lejos
Ruido
Vos
Yo
Nada

De cataratas 
espacios tensos
yo
superyó
mi psicóloga me felicitó
a lo lejos
y yo me voy

jueves, 29 de mayo de 2014

Me estuve autostalkeando y me dí cuenta que a lo largo del tiempo cambió un montón mi forma de escribir.

AH MIRÁ

igual encontré un texto re benedetti y me re quiero

bueno mejor me voy a dormir

miércoles, 28 de mayo de 2014

Soy #3

Soy una cita textual leída en voz alta
Soy las ganas de hablar de todo, todo el tiempo
(soy las ganas de hablar de amor entre botellas de alcohol)

Soy ese "a vos no te importa nada" que tanto me importó
Soy pensar todo 3048320 veces
Soy la que si no está en confianza, termina pareciendo una pelotuda
-no es miedo a confiar, pero no sé, me cuesta soltarme y termino hiperventilando-

Soy lo que los otros hicieron de mí
-mentira, soy mis decisiones de mierda-

Soy una canción que antes interrumpía a la mitad
Soy esa canción cantada otra vez

Soy esas bandas que nunca más voy a escuchar
Soy esas bandas que nunca más vas a escuchar

Soy coiffeur un día de otoño
Soy La invención de la noche un día de lluvia

Soy lo que no sé si soy
Soy quilombo y armonía.

No me bastan estos días de insulsa tranquilidad.

No sé. No sé bien qué pasa. En realidad no sé bien cómo llegué acá. No sé bien qué es "acá". No sé bien cuando me convertí en esto. Bah, lo que no sé es si me convertí en algo o si siempre fue así. No. No fue siempre así. Pero ahora tampoco sé bien cómo es. Y la incertidumbre es una paja, siempre es una paja. Siento que estoy como a oscuras, intentando encontrar algo que tampoco es certero, preciso. Algo que tampoco sé si existe. Pienso mucho todo. Eso siempre lo hice, es cierto, pero siento que antes sacaba mejores conclusiones. Siempre fui una enroscada, eh, pero enroscarse y encima vivir en una incertidumbre constante agrava un poco más todo. 

Y para colmo estoy de mal humor, duermo poco. Bah, siempre dormí poco. Creo que lo que me pasa es que muchas cosas que antes eran normales y no me afectaban, ahora me empiezan a afectar. Como si el hecho de haber abandonado los problemas más graves me hubiese llevado a ocupar mi tiempo en banalidades. Porque claro, antes las prioridades eran otras. Respirar, por ejemplo. Algo que ahora me parece cotidiano. Pero sé que en algún momento no lo fue, eh. Lo tengo bien claro. Pero no sé, es todo muy monótono, muy oscuro, muy...ambigüo.

No sé, es raro. Todo es raro. Pero no es esa rareza linda, esas rarezas que son sorpresas. Es malo. Pero tampoco sé si es tan malo. El tema es que no sé. No sé nada, no entiendo, no te entiendo, no entiendo a nadie. Estoy perdida, no sé bien en dónde, en qué, en quién. No sé si estoy perdida en un lugar, en un objeto, en una persona. Postergo responsabilidades más de lo normal. Me escapo todo el tiempo pero no sé de qué. No entiendo por qué me escapo si no hay nada de qué escapar. 

miércoles, 14 de mayo de 2014

- no entiendo de qué te quejás
- de eso
- ¿de qué?
- no sé

lunes, 12 de mayo de 2014

Olivia tenía razón.

Creo que es como me dijeron el otro día entre discos del flaco y humo de cigarro. Que es eso. Una herida que está ahí. Que yo decidí que esté ahí. Que aunque esté todo bien, no lo está, porque no le di tiempo a cicatrizar. Entonces sigue ahí, a veces no pasa nada pero a veces sentís como si algún enano sádico hijo de puta te estuviese pinchando la herida, no sé. Y empezás a entender un poco más a esa gente que un día se borra, de la nada. Que "corta de raíz". 

Porque las cosas no son tan simples, sería genial que lo fueran. Porque aunque intentes que esté todo bien, no está todo bien. Porque para que esté todo bien primero tenés que saber que estuvo todo mal. Bah, no. Ya sabés que estuvo todo mal. Sos consciente de en qué momento tocaste fondo y sabés que no estás ahí, que avanzaste. Pero tenés que poder salir un poco de todo y correr. Sin un destino, simplemente correr. Dejar que pase el tiempo. Y algún día vas a poder pararte, mirar hacia la nada (o hacia el todo) y decir: cicatrizaste, hija de puta. 

martes, 22 de abril de 2014

Pink Freud. Vol. 4

-No sé, fue un día más. Últimamente todo es así, como... rutinario, monótono.
-Bueno, bienvenida a la vida. En general todo es monótono, está en uno mismo hacer que no sea "un día más"

domingo, 30 de marzo de 2014

Sal con una chica que lee (Rosemary Uquico, en respuesta a Charles Warnke)

Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.

Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.

Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.

Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.

Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace.

Por lo menos tiene que intentarlo.



Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.

Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.

¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo.

Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.

Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.

Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.

Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.

O mejor aún, a una que escriba.

Sal con una chica que no lee (Charles Warnke)

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada.
 Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.


Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.

Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.

Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.

Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.

Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo continuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.

Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.

No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.

sábado, 22 de marzo de 2014

No hay nada más horrible que intentar hacer una canción y que no te salga. No, lo peor es que tengo un par de letras, tengo un par de armonías pero no puedo unirlas. Hay algo en el medio que me está faltando y no sé bien qué es. Qué paja. 

martes, 18 de marzo de 2014

Queremos tanto a Julio.

Creo que en parte lo valioso de Cortázar, o por lo menos lo que me pasa a mí al leerlo, es que me genera una sensación de entender todo pero al mismo tiempo no entender nada. Será algo en su forma de escribir -por cierto, quiero decir que para mí escribe un toque mal, vengan de a uno-, no sé bien qué, pero me pasa eso. Entiendo lo que estoy leyendo, diría que hasta lo hago propio, pero probablemente si me pidieran analizar a Julio, se me haría muy difícil. Creo que él mismo se definió: "la verdadera explicación, sencillamente, no se puede explicar"

sábado, 15 de marzo de 2014

-¿Y si no pasa nada?
-¿Y si pasa todo?

lunes, 10 de marzo de 2014

Soy #2

Soy una canción sin escribir, un disco sin grabar.

Soy la memoria de mi vieja, soy el amor por los libros de mi viejo

Soy la que odia hablar de futuro
Soy la que mantiene esa imaginación de infante y proyecta 21903812093 situaciones

Soy la incapacidad de exteriorizar de mi viejo
-empiezo a creer que ese es uno de los motivos por los que mi hermana y yo elegimos la psicología-

Soy la que escucha cualquier banda y se caga en las contradicciones
-no tanto-

Soy El principito leído 10 veces
Soy El principito leído una vez más.

random 8

me arden los ojos y debería ir al oculista
-siempre me acuerdo de cuando maite me dijo que iba a ser una treintañera con anteojos hipsters que tocaba en bares-

nada, no sé
mañana empezamos las clases y es quinto y blabla esas pelotudeces
así que toda persona que me hable del futuro recibirá balazos
-¿qué vas a seguir? -psicología (pero voy a ver qué onda con la guitarrita)

le tengo que decir a mi hna para ir a ver a perotá
y a zaz

tocan las pastillas en el malvinas!!111 igual no

estas vacaciones iba a pintar mi cuarto y cambiar los muebles
no hice ninguna de las dos cosas


sábado, 8 de marzo de 2014

irme con vos

Si interesa te puedo contar lo que me pasó cuando tenia quince, creía que el amor era más grande que yo. 

[Espero no haber dicho eso antes. Pero en este canto no sé a quien canto

no comprés que tengo acá

mirando el lyric video de queso comiendo un sambuchito de madness

ah no pará, al revés
el otro dia pase de muse a kapanga porque doroga

jueves, 6 de marzo de 2014

BUEEENA EMO NOSTALGIA

2011

Porque ya sé que era harapos. Que tenía una rasta, que tenía una banda de reggae y pensaba que éramos lo mejor del mundo, que me vestía mal. ¿Pero sabés lo que pasa? Estaba convencida de que lo que estaba haciendo estaba bien. Escribía una canción y sentía que podía cambiar el mundo. Leía a Galeano y creía en las utopías, quería llevarme el mundo por delante. Pero lo que más extraño, es que creía realmente en lo que hacía. Que más allá de lo que después pasó, en ese momento, en ese preciso instante, en ese presente, sentía que podía hacer lo que quisiera. 

Y hoy no me pasa, o me pasa menos. No me pasa casi nunca. Creo que son contadas con una sola mano la cantidad de veces que me pasa ahora. Me pasa cuando leo algo sobre psicología, me pasa cuando escribo una canción. Y alguna que otra vez. 

Eso extraño. Estar convencida de que lo que estoy haciendo está bien. No sé bien cuándo me convertí en un container de dudas. 

las palabras desgastadas

"Si algo sabemos los escritores es que las palabras pueden llegar a cansarse y a enfermarse, como se cansan y se enferman los hombres y los caballos" 

ay julito...