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jueves, 18 de julio de 2013

Entrega especial IX

IX


-Lo encontré, jefe. Es el profesor Rodolfo Alberti. Trabajaba en todas esas escuelas desde hace cinco años. Su expediente está limpio, no tiene ningún antecedente.

-Bien, López. ¿Tenés alguna dirección?


-Sí. Lejos de todas las escenas del crimen. En San Telmo. 

Entrega especial VIII

VIII



-Sentate y dejame llegar hasta el final de la historia sin interrupciones.

-Tranquilizate, Sandoval. Te escucho.

-Me tomé el atrevimiento de llevarme un par de fotos personales de las víctimas. Si querés hacerte el policía malo y decirme que eso esta mal y bla bla, hacelo después.

Mirando las fotos, descubrí algo que habíamos pasado por alto. ¿Te acordás de la primer hipótesis? Creímos que las víctimas iban al mismo colegio, debido a las características de la escena del crimen. Creíamos que podía haber sido un profesor o un compañero de estos chicos. Esta hipótesis fue rechazada, porque comprobamos que todos iban a colegios distintos. Pero pasamos por alto una cosa: los profesores enseñan en varios colegios simultáneamente. Mirá las fotos: el mismo profesor.

-La puta madre, ¿cómo lo pasamos por alto? López, vení. Buscá los registros del personal docente de los colegios a los que acudían las víctimas. Cuando encuentres uno que figure en todos los registros, llamame.


-Rengato, convidame un pucho para suavizar la espera.

domingo, 5 de mayo de 2013

Entrega especial VII


VII


Tal como Sandoval había previsto, el asesino de los deliverys había vuelto a actuar.

-La víctima se llamaba Fernando Capridk. Hacía entregas en una pizzería. Mismo modus operandi, misma posición del cuerpo. También sostenía una manzana.- Rengato se encontraba abatido. 

-La puta madre. Se nos adelantó.

Sandoval se fue de la comisaría. Prefería pensar en su casa, y además el clima allí era cada vez peor. Rengato enojado, López con su personaje de policía sensible salido de una serie yanqui y todos los demás subordinados llenando papeles.

Prendió un cigarrillo y le puso comida a Felipe. Gracias a la ayuda de López, había podido llevarse de la comisaría un par de fotos personales de las víctimas. No se llevó muchas para evitar ser descubierto por Rengato, que encima castigaría a López, como hacía siempre.. Se llevó unas pocas fotos con sus familiares y fotos escolares.

-En la foto tendrían 11, 12 años. ¿Conocerían su destino? ¿Sabrían que debían buscar un trabajo?


De pronto, Sandoval se sobresaltó.

-A la mierda. Ahora todo tiene sentido.



martes, 12 de marzo de 2013

Entrega especial VI



VI


Empezaba a anochecer en Buenos Aires. Sandoval seguía en la comisaría, y como si esto no fuera suficiente para ponerse de mal humor, se había quedado sin cigarrillos. Todos allí estaban con un humor de perros. Para colmo, Rengato descargaba su mal humor en López.

-A ver, López, traeme las fotos y declaraciones.

López obedeció, aunque estaba abatido.

-¿Cambia algo tratar como el orto al pibe?

-No me jodas, Sandoval. Además, actúa mejor bajo presión. No rompas las bolas.

López ubicó las fotos en una pizarra y le alcanzó al comisario las declaraciones.

- Repasemos las declaraciones. El dueño del primer negocio, declaró que
Manuel Retico salió a eso de las 9pm a repartir un plato de carne al horno. La dirección le sonó sospechosa, no sabía bien por qué. El pedido fue hecho por un hombre que, por la voz, parecía de unos 50 años. Los empleadores de Paulo Ferapi y Nicolás Sperly declararon algo parecido. El mismo modus operandi, la misma voz. Pero distintas direcciones.

La primer casa pertenecía a una serie de 5 duplex que eran alquilados por una señora mayor, Laura Algreibe. Declaró que esa casa había sido alquilada por un hombre de unos 50 años. Lamentablemente, no tenía contrato de alquiler, pero nos dio un nombre. “Se llamaba Sergio. Un hombre simpático. Pagó en efectivo por dos días. Me pareció un poco rara la cantidad de tiempo, ya que siempre quienes alquilan aquí lo hacen por más tiempo. Pero el hombre no me generó desconfianza”.

La segunda escena del crimen se parecía bastante a la primera. Alquilada. Lo que nos “esperanzó” fue que el dueño dio el mismo nombre: Sergio. Y dio una descripción, poco detallada pero descripción al fin.

La tercera escena del crimen fue un poco más arriesgada. Un hotel. Lógicamente, más arriesgada por el hecho de que “Sergio” no estaba solo: tenía muchos vecinos, osea, testigos. No sólo eso, sino que también debía inventar un nombre y tener documentación falsa para poder anotarse en el hotel.

Se anotó como “Jorge Perr”, las documentaciones parecían auténticas y así logró pasar desapercibido.

Janrey, el dueño del hotel, declaró haber visto llegar a la tercera víctima, Nicolás Sperly. Éste dio el número de habitación y se dirigió allí. Nos pareció extraño que Janrey lo haya dejado pasar, en lugar de recibir él mismo la entrega. Pero declaró que así se lo había pedido Sergio. Luego de unos minutos, se alarmó al ver que Sperly no volvía, y se dirigió a la habitación. Allí encontró a la víctima, tal como la encontramos nosotros; y observó que la ventana estaba abierta. Sergio había escapado y se llevó consigo todas sus pertenencias, además de hacer una limpieza intensiva del lugar.

-Por lo que nos cuenta acerca de la tercera escena, el asesino empezó a sentirse con más confianza. Ahora no solo los recibió en la puerta de su casa, sino que también se hospedó en un hotel, donde había muchos testigos. Esto nos dice que “Sergio” comenzó a tener más confianza en sus métodos, comenzó a sentirse un profesional.-exclamó Sandoval, un poco preocupado.-

-¿Y eso qué quiere decir?

-Rengato, no quiero sonar pesimista. Pero si el asesino está confiado, va a ser mejor que lo encontremos antes de que aparezca una nueva víctima.

domingo, 3 de marzo de 2013

Entrega especial V



V



Fue Felipe quien logró despertar al detective con sus maullidos. Joaquín miró el reloj: las 11 y media de la mañana. Pensó que era más tarde. Se fue a preparar una chocolatada, mientras hilaba los últimos detalles de su teoría para poder presentársela a Rengato.

-Bien, entonces el asesino quiso dejarnos un mensaje. La escuela. ¿Pero qué escuela? ¿Las víctimas iban al mismo colegio? ¿Y eso qué significaba? ¿Tuvieron mala conducta y algún profesor quiso dejarles un mensaje? En todo caso, era un poco tarde para darles un mensaje-. Sandoval abandonó su chocolatada junto a otros platos sucios que algún día limpiaría y se dirigió a la comisaría.

-Espero que traigas buenas noticias- exclamó Rengato con la misma cara de preocupación que tenía el día anterior

-Por favor, comisario. Me extraña. Si no tuviese buenas noticias, me quedaría en casa fumando como un loco.

-Bueno, entonces tomá asiento. López, vení. Escuchemos a ver qué nos trajo este muchacho.

López se sentó, temeroso. Nunca sabía bien en qué momento el comisario le hablaba con simpatía, y en qué momento le hablaba como el jefe mas jodido del mundo que se aprovecha de tener subordinados. De todas formas, se alegraba de ser partícipe de la exposición de Sandoval.

-Intentaré ser breve pero sin omitir nada. Viendo algunas fotos del asesinato observé que, además la manzana que tanto nos llamó la atención, había otra peculiaridad: la posición de las víctimas. Estaban sentadas. No sólo eso, sino que estaban con una postura firme, como si tuviesen que cumplir con un reglamento. Al principio no entendí bien todo esto, pero a partir de un sueño del que no vale la pena hablar, pude comprenderlo: el asesino nos está dejando un mensaje. La manzana, que además de asociarse con el cuento de hadas, se asocia con las maestras. Esto, sumado a la postura que debían “cumplir” las víctimas, nos lleva a una institución en especial: la escuela. Tal vez algún profesor víctima de alumnos revoltosos quiso vengarse, o hasta puede haber sido un compañero de estos chicos.

-López, investigá si las víctimas concurrían a la misma escuela secundaria.

-Imposible, jefe- exclamó López, casi temblando. –Ninguna de las tres víctimas acudió a la escuela secundaria. Tenían muchas necesidades en su familia, por lo que tuvieron que buscar un trabajo.

-Entonces a la misma escuela primaria. Rápido, pibe.

López abandonó la oficina velozmente, y volvió con varios papeles.

-Negativo, comisario. Cada víctima iba a una escuela distinta.

-Puta madre, López. 

miércoles, 27 de febrero de 2013

Entrega especial IV


IV

Sandoval se despidió del comisario y se dirigió a su casa. Necesitaba tiempo para ordenar su cabeza, para poder encontrar algún hilo conductor o alguna lógica que lo ayude a dar con el asesino. Abrió la puerta y se encontró sorprendido ante el desastre que había hecho Felipe. –Gato de mierda, no te puedo dejar ni un rato solo- Gruñó y se fue a servir un whisky. El whisky lo ayuda a pensar. 

Había logrado llevarse algunas fotos de la escena del crimen sin que Rengato se entere. Las colgó y comenzó a observar detenidamente. Allí estaban las víctimas, sentadas.
- ¿Sentadas? Eso también es un poco extraño. Qué raro que el comisario no lo haya visto. Además, se nota que intentaron poner a las víctimas en una postura firme, como si tuvieran que cumplir con algún reglamento-

El detective seguía dando vueltas alrededor de varias preguntas. ¿Por qué pibes tan jóvenes? ¿Por qué compartían el mismo trabajo? ¿Por qué ese peculiar arma homicida? ¿Qué tiene que ver la manzana en todo esto?

Sandoval se preparó un sándwich mientras rondaba por varios canales de televisión. Trató de mantener la cabeza en otra cosa, y luego de un par de cigarrillos, se fue a dormir.

O a intentar dormir, mejor dicho.

No paró de darle vueltas al asunto, hasta que logró conciliar el sueño. A las 6 de la mañana, despertó sobresaltado. Había tenido un sueño extraño, en el que se encontraba con sus compañeros de colegio. Lo peculiar, es que todos tenían la cara desfigurada, o mejor dicho ninguno se parecía a las fotos más actuales que había visto de ellos; pero tenían las voces de sus compañeros. –Bueno, los años nos pegan a todos- pensó. De repente, se sobresaltó. -¿Cómo carajo no lo pensé antes? ¡La manzana, bien de chupamedias! ¡La postura firme! Tengo que hablar urgente con Rengato. Se va a caer de culo cuando le cuente.-

Sandoval intentó levantarse de la cama, pero fue inútil.  

Entrega especial III



III


- Todas las víctimas tenían entre 18 y 20 años. Manuel Retico, Paulo Ferapi y Nicolás Sperly, en ese orden. No encontramos vínculos, más allá de que todos trabajaban para distintos negocios como repartidores. Venían de familias humildes. Según el informe forense, murieron estrangulados con un hilo fino, parecido al que envuelve las cajas de pizza.

- Irónico.

- Tené un poco de respeto, Sandoval. Callate y dejame hablar. La hipótesis que hasta ahora manejamos, es que los repartidores fueron adormecidos con cloroformo ni bien se les abrió la puerta, y posteriormente fueron asesinados. Lo curioso, o raro, es que encontramos una manzana en todas las escenas del crimen. Primero pensamos que estarían envenenadas, haciendo referencia al cuento de hadas. Pero no. Nada.

- Raro. Tiene claros rasgos de un asesino serial. Me encanta.

- Sos un enfermo, ¿sabías? Sí, no me digas cosas que ya sé. El tema ahora es encontrar algo que nos lleve al asesino. Hasta ahora, no tenemos nada. Todas las escenas del crimen habían sido limpiadas hasta el hartazgo. Sólo estaba el cuerpo, el arma homicida y la manzana. La manzana estaba siempre en alguna de las manos de la víctima.

- Claramente la manzana significa algo para el asesino. No es casualidad que la deje en manos de sus víctimas. ¿La manzana estaba entera o mordida?

- Entera.

-Hmm, está claro que esto no es un cuento de hadas. 

viernes, 22 de febrero de 2013

Entrega especial II


II


Buenos Aires estaba rara. No se sabía si era por la niebla, por la falta de gente gritando o puteándose, o por ese clima extraño que no era ni frío ni calor. Sandoval caminó con mucha prisa y llegó a la comisaría. En la puerta, encontró al teniente López fumando. Lo encontró preocupado, como si algo le estuviese carcomiendo la cabeza.

 -¿Qué pasa, pibe?, preguntó Sandoval con un aire paternal.

–Este caso del asesino de los deliverys. Es un quilombo, detective. Ya van 3 víctimas y no logramos encontrar ni una sola pista. Encontramos conexiones entre las víctimas. Todas trabajaban de lo mismo: delivery. Todas eran de clase baja. Pero no encontramos nada. Nada de nada, ¿sabe?. En la escena del crimen, estaba todo bien limpito. Ni una huella, ni un rastro. No quiero que se salga con la suya.- dijo apenado el teniente.

 –No te hagas el poli sensible que no comprás a nadie- dijo Sandoval. Le tiró una sonrisa burlona y entró a la comisaría.

Al llegar a la oficina de Rengato, lo encontró revolviendo fotos de escenas del crimen.

-Uh, parece que alguien va a tener insomnio hoy.

-No me vengas con pelotudeces, Sandoval. Estamos todos con cara de culo en esta comisaría. Esta serie de asesinatos se vuelve cada vez más rara.

 -Sí, percibí lo de las caras de culo-, dijo el detective con un aire burlón. –Pero justamente vine por eso. Me lo crucé a Lopez en la puerta y me contó brevemente lo que había pasado. Este tipo de crímenes me atrapan, lo sabés.

- Entonces tomá asiento, cerra el pico y dejame hablar a mí.


Entrega especial I


I

Joaquín Sandoval revolvía papelitos en el escritorio. Cosas intrascendentes, que anotaba para algún día tener en cuenta pero que, la mayoría de las veces, sólo ocupaban espacio. Últimamente no había tenido mucho trabajo, y había estado ocupando el tiempo libre reorganizando su oficina y escuchando a Piazzolla. Sus últimos casos lo habían tenido con insomnio. No había recibido ningún caso de maridos desconfiados, al contrario, había recibido una serie de casos sobre robos a bancos, que sin duda estaban entre sus crímenes preferidos.

Prendió la televisión. Las mismas banalidades de siempre. Pero de repente, un título de un noticiero le llamó la atención: “El asesino de los deliverys”. -¿El asesino de los deliverys? Estos tipos son medio pelotudos para generar zócalos-. Se dijo a sí mismo mientras se servía una taza de chocolatada. Sí, chocolatada.¿Acaso es sólo para purretes?

-Tengo que hablar con Rengato a ver si sabe algo. Después de todo, el robo de bancos fue resuelto por mí. Ese burócrata me debe una-, se dijo a sí mismo. Se vistió con lo primero que encontró, dejó comida para su gato Felipe y se dirigió a la comisaría.